Hace un par de semanas regresé de la Feria del Libro de Frankfurt, el evento editorial más importante del mundo. Cualquier dato que os pueda dar sobre ella cruza la frontera de lo superlativo. En 2010, maś de 7.500 expositores procedentes 111 paises se han repartido ocho abarrotados pabellones con una superficie total equivalente a 30 campos de fútbol. Los tres primeros días, reservados exclusivamente a profesionales, la Feria ha recibido 150.000 visitantes. CIENTO CINCUENTA MIL EDITORES, LIBREROS, AUTORES, AGENTES, TRADUCTORES, DISEÑADORES… Y el fin de semana, compartido el público en general, con nuestros amados lectores, ciento veinte mil visitas más.
Pero la Feria de Frankfurt es mucho más que todo eso. Es la torre de Babel encuadernada, un hipermercado de derechos regateando como en Estambul y una enorme estación en hora punta en la que todo el mundo llega tarde. Es una maratón de reuniones cada media hora, un idilio con un par de zapatos viejos y comer unas salchichas mientras corres por las escaleras mecánicas. Un constante desafío para juanetes y coronarias.
Aún así, en la puerta de al lado del infierno comienza el paraíso. Platós de televisión emitiendo en directo entrevistas con autores, caras sonrientes de cualquier raza y color, culturas recónditas impresas en cuatricromía, amigos de todo el mundo que vuelves a encontrar, libros, libros y más libros. Millones de libros. Y entonceses cuando compruebas que el inglés es la “lingua franca” de los negocios, pero que, si hay voluntad de hacerlo, uno acaba entendiéndose en media docena de idiomas, aunque sea en chino y por señas.
Creo que ya son nueve las veces que he ido a Frankfurt y siempre regreso exhausto. Abatido por el cansancio, desde luego, pero ahíto de sensaciones. Sobre todo por la certeza de que el mundo editorial está vivo y de que la próxima vez seguiré con la agenda llena. También vuelvo con la amargura, como cada año, de no haber disfrutado del invitado de honor. Este año era Argentina, según la organización el invitado más literario de los últimos años. Es decir, poco folklore, pero muchas actividades trufadas de editoriales, autores y agentes. El año que viene, debe ser por el contraste, el invitado de honor será Islandia.
Todos los que amáis (amamos) los libros o, simplemente, aquellos que quieran tomarle el pulso al mercado mundial, tenéis una cita en Frankfurt.
Columna de opinión incluída en el programa Calaix de Llibres, de Radio Silenci – La Garriga