Sobre el manifiesto contra el Ministerio de Cultura

Hoy me voy a vestir de bloguero y de internauta.

Durante todo el día de ayer (y aún hoy) hubo mar de fondo en la red contra el proyecto de nuevas medidas legislativas del Gobierno en lo relativo al universo digital. Varias de las propustas (cierre de portales P2P, restricciones de acceso a determinados contenidos e incluso cancelación de conexiones particulares a internet) llevaron a la redacción de un manifiesto que ha dado mucho que hablar, Podéis leer más sobre esto en Medios y Redes, en Weblogs o en Microsiervos, entre otros.

Tanto se ha alborotado el patio que la Ministra de Cultura, González Sinde, se ha reunido esta misma mañana con una pequeña comisión de blogueros, internautas y empresarios de la red. Al mismo tiempo, Leire Pajín, en nombre del Gobierno, se ha apresurado a decir que no se han explicado bien y que están dispuestos a abrir una ronda de consultas para aclarar las medidas que quieren poner en práctica.

La cuestión básica es qué hubiera pasado si no hubiéramos hecho tanto ruido, si hubiésemos tragado con unas leyes que obvian el control judicial y que dejan a los usuarios de la web sin garantías juridicas de sus derechos fundamentales. Ya veremos como acaba ésto, pero nadie nos va a callar y vamos a hacer que nos escuchen.

El problema de fondo es otro muy distinto, que me gustaría exponer en varios puntos:

1- Las obras culturales (música, cine y ahora librosI, como miles de otros productos y servicios, están presentes en la red. Pero la piratería no nació con ellos. Los programadores y comercializadores de software y videojuegos saben de qué hablo.

2- La gran mayoría de distribuidores y comercializadores de este tipo de contenidos pecaron (y siguen pecando) de una soberbia extrema cuando se les habla de la red como mercado. Obviaron la capacidad de demanda de un entorno global, insistiendo en sistemas y soportes de comercialización ajenos al día a día de los consumidores. ¿Como puedes pedirle a un cliente potencial que cargue con un disc-man cuando su mp3 pesa 15 gramos? Si nadie proveé los contenidos, alguien lo hace.

3- Muchos músicos, autores e intérpretes se manifiestan, con toda la razón de mundo, contra la piratería de sus obras en la red. Me gustaría saber cuántos de ellos se han dirigido a sus discográficas para exigir que sus canciones fueran comercializadas de forma digna, y masiva, en la red. Y que les pidieran también explicaciones de por qué Apple, en iTunes, ha sabido hacer lo que su discográfica no hace, salvaguardando rentabilidad, calidad y derechos de autor.

4- Algo similar ocurre con los distribuidores de cine. Por unos pocos euros habría miles de descargas para poder ver una película, con la calidad Y LA PUBLICIDAD fijada por el distibuidor. Las copias del top-manta y muchas de las descargas ilegales en la red son deleznables en cuanto a calidad de audio y visionado. La gente que no va al cine tiene sus motivos (económicos, comodidad, distancia…) Ponles el cine en casa y dales calidad e inmediatez. La diferencia con el fútbol de pago es que hay ideas para rentabilizar el negocio en cualquier canal. Yo quiero ver un estreno el día del estreno, y no quince meses después con 50 minutos de anuncios. Pero si no hay oferta, la demanda buscará soluciones.

5- Y ahora nos quedan los libros. La experiencia de los demás sectores culturales solamente ha servido, de momento, para que los editores anden preocupados en como blindar sus productos contra la piratería. Soy propietaario de uno de los nuevos lectores digitales. Me parece un complemento estupendo a la lectura en papel, con sus ventajas e inconvenientes. Paradójicamente, puedo encontrar, y pagar, centenares de miles de libros en inglés en formato digital. Y comercializados EL MISMO DÍA QUE LA COPIA EN PAPEL. Si intento hacer lo mismo con un libro editado en España, se me queda cara de zahorí en Atacama. Nada. Escarbando un poco en la superficie del buscador, llegaré a copias piratas, archivos escaneados o borradores sin revisar. En definitiva, mala calidad e ingreso cero para quién legalmente lo merece. Los almacenes de los fabricantes de dispositivos de tinta electrónica están abarrotados y llegarán de forma masiva en meses. No caigamos en el error de la música pensando que solamente hay un soporte válido. Si los editores no saben llenar estos libros electrónicos, lo harán los usuarios.

Después de todo lo anterior, lo que me gustaría dejar claro es que creo en los derechos de autor y en su remuneración. Escribir es parte de mi actividad diaria, me hace sentirme vivo y, modestamente, me considero autor. Sería un orgullo que alguien pagara por mi trabajo en cualquier lugar del mundo. Pero no puedo pedir que me lean si ni tan siquiera les dan la oportunidad de comprarlo en la forma que ellos prefieran.

Published in: on diciembre 3, 2009 at 12:25 pm  Comments (1)  
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